A LA SEGUNDA VUELTA: OPORTUNIDADES PARA FORTALECER LA DEMOCRACIA CIUDADANA COMO VALOR EFECTIV

Jorge Osorio Vargas,
Director Ejecutivo
Fundación Ciudadana para las Américas

73016659_900290cb98_t1.- La constitución de sujetos y de discursos es siempre dinámica y no obedece a patrones predeterminados. En la actualidad, hay desplazamientos en la política; cambios “cartográficos” en la sociedad; procesos globalizadores que ponen en situación de “riesgo” a la democracia participativa, a las instituciones y al pensamiento transformador. Pero, sobre todo, hay un cierto nomadismo, esto es, una búsqueda intensa de nuevas rutas, una opción por no “quedarse pegado”, por buscar alternativas, por escuchar nuestras revueltas íntimas, por politizar nuestros deseos, por confiar en nuestra naturaleza social de productores de palabras y en el poder de esas palabras, en el don de poder que tienen las controversias, sobre todo cuando se desarrollan en momento cruciales, en encrucijadas. Pienso que la época que vivimos es una de ellas. Nos interesa trabajar por radicalizar la democracia y entendemos que la llamada ¿sustentabilidad¿ no es una ideología sino un sentido común, una manifestación del recurso moral de la humanidad, del patrimonio universal de la generosidad que, más allá de todos los fascismos, racismos y fundamentalismos resucitados, permanece como una credencial humana que no caduca. Desde este sentimiento quisiera hacer esta presentación.

En los discursos y en las movilizaciones ciudadanas globales de principio de siglo Ciudadanía y Sustentabilidad configuran una unidad virtuosa. Como conceptos tienen historias distintas, pero en la práctica convergen como expresión de un proyecto de radicalización de las democracias y de activación de redes ciudadanas temáticamente diferentes pero convergentes en sus fines políticos (Ver nuestro Decálogo para una Cultura de Sustentabilidad y por una Democracia de Calidad en Chile).

Ciudadanía refiere, en primer lugar, a un atributo jurídico de la democracia, cual es el reconocimiento, protección y ejercicio de derechos civiles y libertades públicas reconocidas en un Estado de Derecho. En sentido estricto, podemos decir que esta definición tiene como fuente genuina la tradición liberal-democrática de ciudadanía. Una agenda de fortalecimiento de la ciudadanía en este ámbito se relaciona con las reformas políticas-institucionales que permitan formas de participación directa, iniciativa popular de ley, libre acceso a la información del gobierno, accountability pública, control ciudadano de las políticas gubernamentales, gestión participativa de los presupuestos locales, incorporación de la revocación de mandato de los representantes elegidos por votación popular, la democratización de los gobiernos regionales, modernización del sistema de partidos políticos, marcos reguladores de la relación dinero-política, por nombrar aquellas demandas ciudadanas que tienen más sentido de oportunidad en Chile actualmente. En este plano el concepto de ciudadanía se vincula con el respeto cabal de los derechos humanos (en todas sus generaciones) y es un verdadero test de calidad democrática de la institucionalidad del Estado en un nivel fundamental.

En segundo lugar, Ciudadanía remite a dos dimensiones político-culturales de gran significación: a) el respeto de la diversidad, la tolerancia, la integración, la no¿estigmatización y no-discriminación sea por la razón que fuese. En este plano, distinguimos demandas como un marco legal que sancione la no-discriminación, el respeto de los derechos de los emigrantes y el cumplimiento de los compromisos internacionales y multilaterales que el Estado chileno tiene en estos ámbitos y; b) el reconocimiento de las comunidades y organizaciones de la sociedad civil como actores que deben ser valorados, consultados e integrados como sujetos, a través de instituciones formales, del control ciudadano de la gestión pública y de las autoridades, más allá de la función constitucional de fiscalización que ejercen la institución parlamentaria y otros órganos contralores del Estado. Este reconocimiento del “sujeto ciudadano” es clave para fundar una democracia de accountability (es decir una democracia sujeta al control ciudadano formal, que dispone de un sistema de acceso a la información que el Estado produce y capaz de dar cuentas públicas a los colectivos sociales).

En tercer lugar, la Ciudadanía debe entenderse como una relación social, un proceso comunicacional y deliberativo, que reconoce identidades colectivas, de distinto signo, que configuran la democracia como un espacio de diversidades. Por esta razón podemos hablar de una “ciudadanía compleja”, es decir de una ciudadanía que necesita, para desarrollarse, la existencia de un capital cívico y social que permite estándares básicos de confianza, existencia de procedimientos formales o informales para resolver conflictos por la vía no-violenta, y colectivos o comunidades organizadas de diferente manera que generen en la sociedad las capacidades estratégicas de toda democracia, como son la argumentación, el diálogo, la creación de acuerdos sociales, la participación comunitaria. Existe una relación directa entre la calidad de la Democracia y el capital cívico y social existente en la sociedad. De esta afirmación podemos desprender la importancia estratégica que tiene, en este sentido, la educación ciudadana, tanto la que se desarrolla en el sistema escolar como en la educación comunitaria o popular, con jóvenes y personas adultas. La educación debe contribuir a que la Ciudadanía se exprese como poder comunicacional.

En cuarto lugar, la Ciudadanía es un proceso de producción social de valores, es decir, de generación de recursos morales: cívicos y sociales. Remite a una realidad normativa democrática, es un mecanismo de resguardo de códigos fundamentales, formales, como los derechos humanos, o bien otros de carácter subjetivos o voluntarios como son la solidaridad, la generosidad o el voluntariado social, que no están resguardados formalmente, pero que sí pueden ser promovidos en vista de radicalizar el altruismo democrático. Si la Ciudadanía es un “pacto” de los ciudadanos-as para el resguardo de recursos morales fundamentales y obligatorios para la democracia, ésta puede ampliarse en la medida que la propia sociedad decida darle más amplitud a esa Ciudadanía ( por ejemplo, podríamos hablar de una Ciudadanía memorial, es decir, de una condición asumida por los ciudadanos-as y sus representantes para que nunca haya prisión, desaparición de personas y tortura por razones políticas).

2.- La Ciudadanía, en cuanto “atributo” de la democracia y expresión de “sujetos” debe entenderse como una forma de producción de valores e innovaciones en la sociedad. Es decir, es una invención social que se genera por la acción de comunidades y movimientos sociales. Y como tal puede llegar a ser sometida a disputa: pueden existir ciudadanías de baja intensidad y ciudadanía radicales, más o menos amplias. En nuestro país, el modelo de gobernabilidad de la transición ha sido el de una ciudadanía de mediana o baja intensidad. Ha existido un acuerdo social para consolidar las instituciones democráticas y en este ámbito los resultados son favorables. Sin embargo, como las dinámicas sociales a principio de este siglo son muy complejas las expectativas sociales en torno a la calidad de la democracia son mayores que las realidades existentes, por el impacto que genera en el imaginario democrático las agendas globales y el efecto demostrativo que tienen las buenas prácticas ciudadanas o gubernamentales, lo que es rápidamente socializado a través de las redes. Por ejemplo, es anacrónico desde el punto de vista de lo políticamente correcto no incorporar en las legislaciones nacionales figuras como el Defensor del Pueblo o la Iniciativa Popular de Ley.

Es evidente que los cambios en una tendencia ascendente en los indicadores de calidad de la democracia para que se expresen socialmente, no sólo requieren movimientos ciudadanos concertados y activos sino también una permeabilidad a los cambios en el Estado y la generación de una cultura participativa en la gestión pública. En nuestro país, existe una disputa, o un espacio de controversia, con relación a los contenidos y las formas de la gobernabilidad democrática, que esperamos se visibilice de una manera más significativa en el contexto de período electoral-presidencial que estamos comenzando a vivir.

3.- En mi opinión el fortalecimiento de la Ciudadanía en el Chile de 2006 supone los siguientes procesos:

a) Requerimos que las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos ciudadanos desarrollen un liderazgo público abierto y desde un pluralismo incluyente. Es la única manera de poner en valor la diversidad y fortalecer la Ciudadanía como poder comunicacional y de convencimiento capaz de forzar acuerdos que profundicen la democracia.
b) Las organizaciones de la sociedad civil y las organizaciones políticas deben aumentar la inversión pública en capital social, como una condición para la calidad de la democracia. Y para que este capital social sea efectivo debe transformarse en movimiento cívico, en recurso moral y comunicacional de la democracia. En este sentido ¿invertir¿ significa crear capacidades en la sociedad para que las comunidades y las asociaciones ciudadanas participen en el control ciudadano de la gestión pública, lo que conduce a subir los umbrales de confianza en la sociedad y aumentar las competencias o capital cívico. Este ¿capital¿ generado en la sociedad, especialmente en los sectores populares, acrecienta también el capital social popular y las condiciones culturales de estos sectores, lo que en sí mismo es un factor pro activo de las políticas educativas.

c) Es fundamental promover una cultura de innovación. Sistematizar prácticas y conocimientos en aquellos ¿casos¿ donde sea posible identificar resultados exitosos a partir de prácticas democráticas de proximidad y de cooperación público-privado (gobierno-organizaciones de la sociedad civil). Las políticas públicas en clave de un paradigma de complejidad implican un estado ¿socialmente¿ activo, que se acredita con la sociedad, que moviliza los recursos ciudadanos para potenciar la legitimidad y el consenso de sus actuaciones, a la vez que favorece la autonomía de las organizaciones. Esta apuesta por valorar el ¿argumento¿ y el ¿actor¿ sociedad civil permite una mejor y eficiente gestión del ¿riesgo¿ que implican los procesos de globalización. ¿Riesgos¿ en el sentido de desafíos y no de amenazas, como son los procesos de multi-culturalidad y de las ¿autonomías¿, y su impacto en la vida cotidiana, en la cultura, en la educación y en los derechos civiles. En este plano, la Ciudadanía debe considerarse también como pertenencia a ¿redes críticas¿, es decir, instancias que están en condiciones de gestionar y producir conocimientos y socializar aprendizajes desde ¿abajo hacia arriba¿, lo que pone en cuestión toda fórmula de democracia elitista y excluyente, basadas en redes pre-modernas, como el parentesco, las cuotas, el clientelismo o las lógicas patriarcales de distribución del poder.

11. enero 2015 por portalciudadano
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