Gobierno ciudadano

El país deberá redefinir el papel de la sociedad civil frente al Estado.

LUCIANO TOMASSINI
Chile 21

Durante los dos últimos decenios, la sociedad chilena experimentó cambios muy profundos, dando lugar al surgimiento de una ciudadanía más informada y protagónica, lo cual plantea el desafío de ensayar un estilo de gobierno muy diferente de los que el país ha conocido hasta ahora; esto es, un estilo de gobierno ciudadano.

Entre los censos de 1992 y 2002 nuestra economía creció en forma acelerada y se duplicó el ingreso per cápita del chileno medio, los pobres disminuyeron de más del 40 a menos del 18%, se incrementó la escolaridad, las personas que poseían una vivienda dotada de los requisitos mínimos aumentaron del 60 al 80% , se aceleró la movilidad social y, en general, se amplió considerablemente la inclusión de los grupos menos favorecidos en las ventajas proporcionadas por el desarrollo. Al mismo tiempo, la participación de la mujer en la fuerza de trabajo experimentó un aumento significativo, y se incrementó el número de jefas de hogar, mientras que la familia biparental disminuyó a menos del 50%. El hecho de que, según los índices elaborados por Transparencia Internacional, Chile aventaje en este campo a todos los países de la región, e incluso a muchas naciones industrializadas, acentúa la confianza generada por su reciente proceso de desarrollo.

Surgiría así una nueva clase media, de contornos difusos, la que de acuerdo con las percepciones de quienes se consideran incluidos en ella representaría el 70% de la sociedad chilena, y se caracterizaría por una fluida movilidad social. La contrapartida de este proceso sería la despolitización de esos sectores, aunque numerosos estudios demuestran que lo que efectivamente ha ocurrido es que esos grupos han pasado a inscribir directamente sus aspiraciones en la agenda ciudadana, sin la intermediación de los partidos ni de las instituciones políticas.

Este proceso tiende a crear una brecha entre el gobierno y las aspiraciones de la gente, en la medida en que el primero continúe ejerciéndose a través de los cauces marcados por nuestra institucionalidad política, que se encuentra mal evaluada por la ciudadanía. Contribuye a ello nuestro sistema presidencialista de gobierno. El de Ricardo Lagos habría marcado, así, tanto el apogeo como el fin de un estilo de gobierno identificado con el exitoso funcionamiento de las instituciones, no obstante su carácter cupular e introvertido. El elevado grado de respaldo con que abandonó el mando se explicaría por sus extraordinarias dotes de estadista. Sin embargo, todo indica que, frente a una sociedad más demandante que antes, en el futuro el gobierno tendrá que abrir más sus puertas a la participación ciudadana.

En una etapa en que la democracia representativa parece verse tensionada por la pugna entre el modelo neoliberal y recientes experimentos neopopulistas, nuestro país enfrentaría el desafío de avanzar hacia un estilo de gobierno participativo, con un mayor grado de regulación democrática de la sociedad y de la economía, un desafío que pone a prueba nuestras instituciones políticas: los partidos, la presidencia, el gabinete, la tecnoburocracia gubernamental y el Poder Legislativo. Un desafío que también exige una definición más rigurosa y sobria de la presencia ciudadana, una presencia que debe ejercerse con responsabilidad y disciplina. En tal sentido, el reciente movimiento estudiantil marcaría tanto las oportunidades como los límites de ese poderío. La responsabilidad y la disciplina que casi hasta el final caracterizaron a ese movimiento fueron coherentes con el hecho de que la plataforma elaborada por los estudiantes haya sido preparada durante el gobierno anterior a través de un largo diálogo entre éstos y el Ministerio de Educación, mostrando la relación que en estos casos debería existir entre la sociedad civil y el gobierno.

En suma, el país deberá redefinir el papel de la sociedad civil frente al Estado. En el siglo XIX Chile inició exitosamente su ruta independiente de la mano de un Estado de Derecho fuerte, de corte portaliano. En el siglo XX, particularmente después de los gobiernos de Pedro Aguirre Cerda y de Carlos Ibáñez del Campo, el país enfrentó la industrialización bajo el liderazgo de un Estado social y desarrollista. El siglo XXI, en cambio, demandará un Estado más participativo, caracterizado por una mayor presencia de la sociedad civil en la configuración de la agenda ciudadana, en el proceso de formación de las políticas públicas y en la ejecución de las mismas. El hecho de que Michelle Bachelet no haya accedido a la presidencia a través de la nominación de los partidos, sino de su popularidad entre la ciudadanía, es un primer paso en una ruta insoslayable, no obstante que su carácter inédito augura que ella podría ser larga y difícil.

12. enero 2015 por portalciudadano
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